PH: Serie “Fantasmas”. Hugo Suárez


Entramos en los puntos ciegos de la vida de Amado Vicente Aostri Philippon: Y los ojos que no vieron, siguen el detalle de las cosas por cómo pasan en su propio corazón.

Es Viernes, 10 de septiembre de 1976. La familia escucha de golpe que Amado Vicente, el hijo, pide auxilio de manera creciente; con un tono de voz cada vez más elevado y sofocante. A una puerta más allá, se encuentra su padre. A dos puertas, su madre y Graciela María del Carmen, su hermana menor. Luego de eso, ráfagas en los hechos, sonidos de cosas rotas, confusión. Y una imagen fijada, que persiste el paso del tiempo. El último rostro en vida de Amado Vicente, que a través de una puerta casi cerrada alcanza a pedirlos puchos y la campera. La memoria está llena de cosas pequeñas: una medallita, una campera, el detalle del brillo de un mueble en una siesta húmeda, en el cemento de la zona de tribunales, cuando no hay nadie: las chicharras y medio segundo los ojos oscuros de Amado

La memoria es un mecanismo de larga duración, se entronca también con los sonidos. Sus modos se distribuyen de distintas maneras en cada persona. Busca a veces, Carmen, en su experiencia de lo vivido, en sus propios testimonios. Pero no encuentra, no encuentra lógica ni explicación. Lo dijimos, ella es la menor, por ese entonces es pequeño su cuerpo.

Amado nace un martes 7 de diciembre de 1948, en Resistencia, Chaco. Cursa su secundaria entre San Luis y Cruz del Eje, Córdoba. En 1972 se casa con María Inés Morales. Tienen dos hijas: Pabla Dora y María Cecilia. Estudia en la Universidad Nacional del Litoral en Santa Fe, pero vive en Cosquín con su esposa y sus dos hijas. Están en una casa familiar que el padre de Vicente Amado les presta. Viaja semanalmente de una ciudad a otra. Se recibe de abogado en diciembre de 1975. Alcanza a patrocinar solo dos audiencias. Planea especializarse en defensas penales, al igual que su padre. “Chacho”, así le dicen sus compañeros, en esos dos casos a través de su intervención se condena a dos comisarios de localidades de Punilla. Eran Bazán y Monteros: fue por apremio ilegal.

Don Amado Washington, almuerza con su hijo. Golpean y es Amado Vicente quien se levanta a atender. De ahí en más, solo restan dos sentidos para el resto de la familia: el oído y el gusto. El pedido de auxilio es insistente, exasperante: oyen con la boca seca, el padre está a una puerta sin poder hacer nada, y a dos puertas llda Zulema Philippon de Aostri, su madre con Carmen que tampoco pueden hacer nada. Un tono de voz atraviesa las décadas de sus recuerdos.

Ellos tres viven ahí, en la calle Arturo M. Bas 321. Amado Vicente en Cosquín, pero trabaja con su padre en el estudio jurídico. El lugar consta de tres espacios, abriendo la puerta de calle se encuentra el estudio jurídico, detrás unos biombos y la puerta 2; ese espacio funciona como comedor, más una cama para descansar. Y a continuación, hacia atrás, la puerta 3: habitación y cocina.

La memoria también se pertrecha de salinas, de espacios en blanco. Pero es lúcida la insistencia. Como un tono de voz, que Carmen oye a dos puertas de los golpes y los gritos; en la siesta vacía de un viernes donde solo hay chicharas y palomas por testigos. Son las 13,30. Hora en que el cese de actividades en Tribunales es total.

En una ficha incautada de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE), surge que los Servicios de Inteligencia de las Fuerzas tenían registrado el domicilio de Arturo M. Bas 321, como perteneciente al estudio de abogacía del padre. Allí figura sindicado desde 1971 como “izquierdista “. Luego señala: “CASO” Infiltración izquierdista en las Escuelas del Departamento Punilla”. Bueno, a Amado Vicente le ponen esa misma etiqueta: “izquierdista” y ese acto administrativo habilita lo que sigue: secuestro, tortura y muerte.

Amado Vicente fue secuestrado la tarde del 10 de septiembre de 1976, por personal de la Policía de Córdoba. Al momento de su secuestro tenía 28 años. Ahora, estas lecturas o audiciones hacen que algunas puertas de aquellas, se abran. Que se incorporen nuevos sentidos para los viejos recuerdos. Amado Vicente Aostri aún continúa desaparecido; pero nos encontraremos, donde se encuentran los muertos. En los labios de los vivos.  


Nació en 1973 en Buenos Aires. Escritor. Es integrante y editor de Pan Comido Poesía. Ha trabajado en suplementos de cultura, revistas literarias y editoriales. Dicto talleres de escritura. En poesía ha publicado: “El libro de la ceguera” (1998), “Un lugar desde donde seguir al mundo” (1999), “Sostener la palabra” (2006, Narvaja Editor). “Crías Nuevas” (2011, Pan Comido ediciones). Y en las Antologías colectivas “Belleza Obliga” (2005) y “Derrota No” (2006) y “El día más parecido” (2008). “Crías Nuevas” (2011, Pan Comido Ediciones)

— Fernando Bellino

 


Amado nació el 7 de diciembre de 1948 en Resistencia, provincia de Chaco. Cursó algunos años de sus estudios secundarios en San Luis. Desde 4to año comenzó a estudiar en un colegio público de la ciudad de Cruz del Eje, provincia de Córdoba. En 1972 se casó y fue padre de dos hijas: Pabla Dora y María Cecilia.
Con su familia se mudó para vivir en Cosquín, en una casa que era propiedad de su padre, viviendo alternativamente en Santa Fe, donde cursaba sus estudios universitarios de la carrera de Abogacía en la Universidad Nacional de Litoral (UNL).
Ya recibido comenzó a trabajar en el estudio de abogados de su familia. Amado quería especializarse en defensas penales. En su corta trayectoria, alcanzó a tener dos audiencias orales como defensor. “Chacho”, como le decían sus compañeros, fue secuestrado la tarde del 10 de septiembre de 1976, por personal de la Policía de Córdoba, en su estudio ubicado en la calle Arturo M. Bas 321, en presencia de su padre.
Tenía 28 años. Aún continúa desaparecido.
Conocé más de su historia en el Memorial Virtual Presentes

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Última modificación: diciembre 15, 2020